“Y
él [Zeus] fue a la cama de la abundante Démeter, quien concibió a Perséfone, la
de blancos brazos, robada por Hades del lado de su madre.”
Teogonía, Hesíodo
En el mito que nos llega del mundo griego,
Perséfone, hija de Démeter –la diosa madre– raptada y devuelta por Hades, debe
pasar seis meses en la tierra y otros seis en el inframundo. Esta alternancia
regular explicaría los ciclos naturales, el tránsito continuo de las estaciones
que norman el calendario agrario. Cuando Perséfone está junto a su marido,
Señor del inframundo, la tierra se convierte en un erial, tierra yerma. Con
cada regreso al lado de Démeter asistimos al renacimiento, la madre cesa en su
dolor por la hija perdida y vuelve a ocuparse de nuestro mundo, la vida vuelve
a florecer. Ahí el nombre de la primavera, la estación del primer verdor, que
para nosotros comienza entre el 22 y 23 de septiembre, fecha del solsticio que
le corresponde en el hemisferio sur.
La voz “primavera”
se unirá entrañablemente a la vida, al amor y a la juventud. En el lenguaje
ordinario hacemos referencias diarias que utilizan las metáforas del ciclo
vivificador. Incluso la primavera, con su florecimiento, puede ser espejo de
nuestras penurias. En una de las mayores composiciones poéticas del siglo
pasado, el poeta de habla inglesa Thomas Stearns Eliot (1888 – 1865), inicia la
“La tierra baldía” (“The Waste Land”), con versos que
sugieren este contraste:
“Abril es el mes más cruel:
engendra
Lilas de la tierra muerta, mezcla
Memoria y deseo, con lluvia de primavera
Sacude raíces soñolientas.”
Dicho en el hemisferio norte, donde abril es
mes pleno de primavera, el poeta señala desde el título el conflicto. La
tierra, la madre, es yerma; abril, uno de los meses donde se festeja la vida,
es cruel.
James Goldman, dramaturgo estadounidense,
para hablarnos de los límites en el poder de Enrique II, entrado en la vejez,
nombrará su obra “El león en invierno”.
Primavera e invierno, más que verano y otoño, son esas metáforas a las que
recurrimos para hablar de nuestras existencias, de las de los otros, así como
de las distintas etapas por las que pasan proyectos y relaciones.
Los artistas y, en especial, los poetas, han
recurrido y nos han hablado de ella. Les propongo, mientras oímos la sinfonía “Primavera”, de Robert Schumann, leer la
“Oda a la primavera”, de Pablo
Neruda. Van algunos versos, tomados al azar:
“Primavera,/ muchacha./ te esperaba!/ Toma
esta escoba y barre/ el mundo!/ Limpia/ con este trapo/ las fronteras,/ sopla/
los techos de los hombres,/ escarba/ el oro/ acumulado/ y reparte/ los bienes/
escondidos,”