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lunes, 29 de octubre de 2018

POBREZA CERO




Es probable que nos hayamos abandonado a una molicie que nos hace peores personas de lo que en verdad somos, sin que ninguno de nosotros mueva un dedo ni alce la voz. Debido a esa actitud, nuestra colaboración en este nuevo proceso es casi nula, y no dejo de notar que nuestra historia nacional merece un gesto que nos enaltezca.

Durante semanas y meses, regresaba a mi casa, cenaba junto a mi familia y luego me retiraba al living que hemos improvisado. Y ante la ventana, sentado en el sillón de la sala, mientras bebía un café con la vista puesta en los árboles de la plaza, meditaba hasta que me alcanzaba el sueño. En esa situación, en más de una oportunidad, me despertó Irma para que fuera con ella a la cama, otras veces, me despabilé solo llegada la madrugada. En esos días consideré una idea que, si bien aún no es precisa -ronroneo alrededor de ella como un gato entre las piernas- en sus detalles y en su realización está avanzada, y el fin que vislumbro es que como sociedad alcancemos esa anhelaba meta de pobreza cero que hace años nos ofrendó quien hoy es el primer hombre de nuestra república.



He pensado en varias opciones -quizá este breve texto tenga como virtud que ustedes improvisen otras- de las que saldrá probablemente la solución final a esta cuestión.
Si fuésemos pocos, una embarcación librada a la deriva en medio del océano sería un final con un tinte que hasta podría inspirar en el futuro, para el conjunto de las Bellas Artes, una épica romántica celebrada por siglos. Sabemos que un inglés alguna vez escribió sobre el suicidio como una de ellas. Pero no somos pocos, justamente ése es el mayor inconveniente. Somos demasiados, sobramos, y ni en una flota de barcos de notable porte entraríamos los que estamos de más. Abandoné esa chance y reflexioné sobre otras. Los estadios de fútbol, esparcidos por todo el territorio, me ofrecían el estímulo de pensar que de a miles, en distintas tandas era posible librarse del problema -en Santiago una vez se probó con algo parecido, pero a menor escala y con cierto éxito. No es mala la idea, no la descartó. Donde festejamos en el 78, debería ser el último acto. Y otra vez en las plateas y palcos: lo mejor de nosotros, lo más florido de la Sociedad. La duda que tengo es qué hacer con tantos cuerpos, miles, millones de cuerpos, de niños, de ancianos, de hombres, cuerpos de mujeres, los cuerpos necesarios para alcanzar esa ansiada cifra que sirva para fundar otra Argentina. Una Argentina libre de las penurias y de los males y las penas que esas miserias denuncian ante los afectuosos ojos que nos observan. Aunque reconozco que mis limitaciones no me permiten apreciar que estas mentes brillantes, que esos sanos espíritus, llegado el caso superen con provecho este escollo y utilicen medios superiores a mi imaginación para realizar la limpieza apropiada a las circunstancias.

En consonancia con esto, debemos cuidar el lenguaje. Exterminio es una fea palabra, es un ejemplo de los términos que no deben ser utilizados, de otra manera se confundiría el mensaje de esta nota personal y también el fin de esta buena causa. Mi intención es la de un humilde protector de la nación, traer a discusión algo que alentará a vuestras inteligencias en un trabajo conjunto con tal de erradicar mediante los procedimientos que sean la pobreza. Ustedes continuarán con el espíritu de estas líneas mejor de lo que yo lo hice hasta aquí, sólo les recuerdo que hace siglos un notable irlandés había anticipado ideas al menos emparentadas a las mías.



Héctor Alvarez Castillo
Del libro inédito “Legión. Scriptum brevis”
Villa Devoto, Octubre de 2018

domingo, 17 de agosto de 2014

Topologie céleste, en traducción al francés

Héctor 
Alvarez Castillo 


Traduction
de l’espagnol (Argentine)
Victor Berry
(Université de Poitiers)



Les Théologiens se trompèrent concernant l'emplacement du ciel, du purgatoire et de l'enfer. Erreur répandue par superstition, préjugé ou habitude, et que la Foi n’osa jamais corriger. Cette déformation historique et humaine du Credo postule que le purgatoire se trouve entre le ciel et l'enfer, et que les âmes s'y retirent pour être purifiées, et non à cause d'un châtiment. Ce dernier les emmène bel et bien en ce lieu qui, dans notre langue, n`est pas sans rappeler le mot infirmité et que Dieu, avec délicatesse, créa dans ce but.



L'emplacement du purgatoire n'étant pas, jusqu’à aujourd’hui, celui que l’on considérait comme authentique, on perçoit que l´enfer est en réalité aux portes du ciel et qu’alors, en dessous, et seulement en dessous –pour utiliser une terminologie physique accessible à l`entendement humain–, se trouve le purgatoire. Ceux qui ne parviennent pas à rester au ciel choient brutalement en enfer, entraînant avec eux pierres et autres contraintes, qui, pour ces malheureux, ne sont qu’obstacles, souvenirs et tourments. Ils savent que depuis n’importe quel point des galeries de l’enfer, on contemple le ciel infini, et cela les plonge dans l’horreur; horreur que la Sainte Inquisition elle-même fut incapable d´entrevoir. Concernant le purgatoire, certains mystiques ont révélé –peut-être des prisonniers enfermés à cause de leur conduite hérétique– qu'il ne mène nulle part; mais, grâce à la science et avec une main posée sur le cœur, je dois confesser qu'il est presque sûr que le sujet n'intéresse pas ceux du ciel, ni d´ailleurs les malhonnêtes de l'enfer.



Palermo,
septembre 1994. 

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Fin de Año


Fin de año



Mi deseo en esas horas era que cesara la división del tiempo en meses, en semanas o años. Deseaba acercarme a las cosas desde otro ritmo. Que la música ritmo fuese una cadencia que ni se agotara ni se diluyera debido a marcas externas a esa armonía; que se extendiera desde mí hacia el mundo en su plenitud. No el mundo en su parcialidad asfixiante. La vida, la existencia, se debía presentar íntegra, no fraccionada en zonas más claras u oscuras, según les diese la luz del sol o el esplendor de la luna.

Un solo y largo día, sin sucesivas noches y amaneceres. Alejado de la contemplación y el imperio de los almanaques que en ocasiones me llevaba, como al resto de los seres, al cese de ciertos actos por caprichoso arbitrio y en otras me impelía a decisiones que percibía ajenas, sin que yo gozara de la suficiente lucidez para tomarlas o hacerlas a un lado.

Se acababa ese rito del año nuevo o del año concluido. De alguna manera, esta visión de la existencia me sosegaba, me hacía percibir a mí mismo como a un ser de una naturaleza mayor. Alguien que de aquí a la muerte no debía continuar dando explicaciones, que sus actos, en esencia, eran auténticos y trascendentes, como antes jamás podrían haberlo sido.

No sé si mi deseo de esas horas se hizo realidad. Sé que mi deseo existe y recorre las páginas de más de un relato y que se afinca como peregrino en un abanico de hábitos y promesas, y es parte de nuestras aspiraciones y designios.


Sáenz Peña, diciembre de 2002