lunes, 24 de junio de 2013

La poesía de Rolando Revagliatti

Estos poemas fueron enviados por Rolando Revagliatti, especialmente, para este blog. Literarias agradece al autor este gesto.


El zonzo no duerme o duerme centinela

¿Qué más que velar
guardando el puesto que se le encarga
el zonzo
              hace?
¿Qué lo hace
ser la cosa que observa
y lo impele
a no perderse de vista?
¿El saldo de la Gracia?
El zonzo avizora
la defenestración
que rezuma su par:
la Desgracia

Por ejemplo, entre sueña:

“De las tres mujeres
una dormía
en esa especie de doble
cama matrimonial
Las otras dos se entendían
entre ellas
En mi cuarta parte de la cama
yo no dormía y por lo tanto ni
en sueños me las entendía
con mujer alguna”

Que digan si no cabe
                                  fácil
este sueño en el zonzo.

Llevar su merecido

Están dejando de estar todos en la mira
Candidatos: ando seleccionando a cuales atacar

Desincrústenmelo
                             quienes más lo merezcan
a mi odio.


Ablación

A los sobrados motivos que teníamos
para decidir la inmediata, felizmente obtenida
eliminación física de nuestra horrible madre

fue imposible añadir esa alucinante convergencia:
la ablación de su recuerdo.


Raptus

A la suma inicua de mis estructurales
imperfecciones
añado deterioros recientes
y renuncios de cuya cronicidad
bien no sabes

Infórmote
que en mí
definitorio
un raptus ha decidido
decepcionarte

Dejo así que anegue
mi subjetividad
la mezcolanza blanduzca
de materiales abominables
en esta especie de ciénaga. 



¿Cómo saber?

¿Cómo saben ustedes que yo no soy
lo que están buscando?
¿Me descartan porque se hallan desorientados?
Lo pago no siendo elegido
mortificándome
agresivo
apenado

¿Yo los desoriento?
¿Qué emano?
¿No soy confiable, dócil
condescendiente?

Mal
se las arreglan sin mí


¿Cómo sé yo que ustedes no son
lo que estoy buscando?
¿Los descarto porque me hallo desorientado?
Lo pagan no siendo elegidos
mortificándose
agresivos
apenados

¿Ustedes me desorientan?
¿Qué emanan?
¿No son confiables, dóciles
condescendientes?

Sin ustedes
mal
me las arreglo.



En algo hay que creer

¿En transpirar la camiseta?
¿En la insobornabilidad de mis delegados?
¿En un lecho clásico, de rosas?
¿En los ajustes de cuentas?
¿En el más acá?
¿En la supremacía de los recalcitrantes?
¿En los valores perdurables?
¿En lo que subyace, en lo que subsume?
¿En el expansionismo?
¿En lo que
                 viene-junto-con?


Soltado no sos

Encontrado por las picazones desde tu pubertad
encontrado por la maldad de las picazones desde tu pubertad
encontrado por la malevolencia
                              malicia de las picazones
desde tu pubertad

Soltado no sos
por las picazones
inyectadas de maledicencia
desde tu pubertad.



Del claudicar

Como todos
nació sin terminar
Creció sin terminar
de hacerse

No pudo, no aguantó
renunció al infinito hacerse

Y así siguió por siempre
cumpliendo rituales, burocracias
más o menos plagado de ademanes sociales
e impromptus antisociales
cumpliendo con sumatorias onomásticas
esas inevitabilidades propias
de alguien muy cumplido:

inevitabilidades esquivas
a los procesos de terminación.


Pequeño descubridor

Tempranamente he descubierto
que se puede uno parecer
a un tarado

No siempre a un tarado:
en ocasiones, a un salame
un bólido, un mequetrefe
un muerto de frío
un impresentable o ni fu ni fa

y no pocas veces
otros pareceres
de índole contigua
delatora de insuficiencias
ha podido uno
personificar
y  personificar

Y lo más interesante, claro:
                                            sin serlo.


¡Justo el 31!

                                                               “Feliz daño nuevo!”   
                                                               Martín Micharvegas (de “Parajodas (II)”, 1998)                                                                                                                            

En el daño que viene
seremos probable y comparativamente
más dichosos que en el daño actual

Este daño nos dejará resabios penosos
Como todo daño se irá pero no muy lejos
Nos merecemos otro daño
después de la seguidilla de desbarranques
de daños anteriores

Brindemos por un daño mejor
y despidámonos de éste:

¡Feliz
          Daño

                   Nuevo!

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